En honor a la revolución del 23 de octubre de 1956, misa en la catedral de Bogotá, en la Capilla de Santa Isabel de la Casa Árpád.
El Cardenal József Mindszenty celebró aquí una misa el 25 de abril de 1975.
Al evento asistieron representantes del cuerpo diplomático y personalidades destacadas de la comunidad húngara.
La Embajadora Zsófia Villegas-Vitézy dijo en su discurso:
El 23 de octubre de 1956 enseña al mundo el valor y el secreto de la libertad, demostrando que el pueblo húngaro nunca renuncia a su independencia: Somos nosotros quienes gobernamos nuestra propia vida, sin depender de nadie, ni de poderes extranjeros.
Para nosotros, los húngaros, la libertad no es un estado, sino una forma de ser, como nadar: quien deja de hacerlo, se hunde.
Y la pregunta vuelve a surgir una y otra vez a lo largo de la historia: ¿nos inclinamos ante la voluntad extranjera o resistimos?
Solo queremos una cosa, y lo mismo querían los héroes de la revolución de 1956: vivir en paz en la cuenca de los Cárpatos, según nuestras propias reglas.
Los revolucionarios de 1956 sabían que solo había una cosa por la que valía la pena luchar: Hungría y la libertad húngara. ¡Gloria a los valientes, gloria a los héroes!








